Es el segundo caso de secuestro prolongado en el tiempo que tiene lugar en Austria. En ambos casos coinciden algunos parámetros. El secuestrador es un varón de más edad que su víctima, una mujer, que es sometida además a violaciones y abusos sexuales. La infraestructura necesaria para el secuestro es espeluznante. En el segundo caso descubierto hace dos días se une el agravante de que era el propio padre el que había secuestrado a su hija, a quien había dejado embarazada al menos en seis ocasiones. Espeluznante.

Sin embargo, a nadie se le ocurriría decir que la mayoría de los austríacos, ni siquiera un porcentaje considerable, sufre esta terrible patología y son capaces de cometer semejantes crímenes. Tampoco nadie se atrevería a decir que la austríaca es una cultura enfermiza. No obstante, si hubiéramos conocido dos casos similares a estos, acaecidos en un país pobre y musulmán, ya tendríamos mil teóricos hipotetizando sobre la relación entre el islam y estos crímenes. Es más, en Austria han resurgido con fuerza grupos de carácter ultraderechista e incluso neonazis que sostienen discursos contrarios a la inmigración. Sin embargo, ¿tendrán algo que decir en lo referente a estos dos secuestros? Lo digo porque a lo mejor también eran responsabilidad de algún inmigrante de una cultura peligrosa que metió a esos hombres blancos de pura raza austríaca o germana esas enfermizas ideas en su cabeza.