Tras la victoria electoral en las últimas generales, estaba claro que sería el PSOE quien formaría gobierno. La pequeña novedad del asunto ha sido que Zapatero ha sido investido en segunda vuelta y con los apoyos exclusivos de los diputados socialistas. Ni Esquerra, ni IU, ni CiU o PNV, que tenían bastantes papeletas para ser socios de gobierno con el PSOE, han apoyado a Zapatero. ¿Por qué? Es una fase en la que conviene marcar distancias. El PSOE asume que ahora debe aparecer como un partido fuerte capaz de hacer su propia política. Los partidos minoritarios, por temor a ser fagocitados por los socialistas en las siguientes generales, prefieren mantenerse al margen. IU y ERC señalan que el PSOE ha realizado un giro al centro-derecha. ¿Es cierto?
La única novedad en este sentido quizás sea la confirmación de que Bono vaya a presidir el Congreso de los Diputados. Ciertamente el ex-presidente de Castilla la Mancha y ex-ministro de Defensa representa al sector más conservador del PSOE. Pero, por otra parte, el cargo no tiene un gran valor político, sino sólo honorario, en el que Bono tendrá sus minutos de gloria y protagonismo. El posicionamiento ideológico y político en la esta legislatura recién iniciada aún está por definirse. Lo más relevante es la salida del Ejecutivo de Caldera. ¿Dejará Blanco de ser Secretario de Organización y Caldera le sustituirá? ¿Candidato a las próximas europeas? ¿Algún problema desconocido por el común de los ciudadanos? Ya se verá.
El PP, por otra parte, sigue nadando en profundas dudas. Rajoy, desde la facilidad que le otorga la situación, pero sin la brillantez que sería oportuna, sigue allanándose el camino. Aguirre no cede y puede dar algunas sorpresas. Mientras más se prolongue la historia, más nos reiremos todos. ¿Será esta legislatura tan movida como lo anterior? Yo diría que no.


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