Es una buena pregunta. Parece que ya se están dando algunos pequeños pasos que parecen indicar que una pequeña renovación se está cocinando en el seno del Partido Popular. Soraya Sáenz de Santamaría, una de las personas de confianza de Rajoy, será la Portavoz del Grupo Popular en el Congreso. El cínico Zaplana, el hombre que estaba en política para "forrarse", será un diputado de a pié. ¿Va en serio esto de que el PP se renueva? Pues bueno, la cuestión es compleja. ¿Hasta dónde puede y hasta dónde está dispuesto a llegar Rajoy? Recordemos que al fin y al cabo, si él ocupa el puesto que ocupa no es por otra cosa que porque Aznar así lo decidió. Una elección absolutamente digital, a dedo.

Si a este hecho sumamos que Rajoy ha perdido dos elecciones generales consecutivas, no parecería a priori el candidato ideal para este proceso que quizás, sólo quizás, está próximo a abrirse en el PP. ¿Renovación o guerra interna? Porque toda esta película quizás no sea más que una noche de los cuchillos largos. Esperanza Aguirre fue la responsable de la exclusión de Gallardón de las listas electorales del PP. La excluida quizás sea ahora ella. Los otros barones del PP, Camps y Valcárcel, no han visto con buenos ojos el extremado afán de protagonismo de la Ministra de Cultura más inculta de toda la democracia. Y ahora ella va a pagar los platos rotos. Por eso digo, ¿renovación o guerra interna? Es una cuestión de matices. Zaplana era y es un cínico de cojones que se enfrentó a Camps en la Comunidad Valenciana. Acabó huyendo a Madrid, apoyado por Aznar. Parece que la suya es otra cabeza cortada en esta trifulca, aunque él, un superviviente nato, uno de esos miserables que siempre logran salvar el cuello, anunció públicamente con antelación que no seguía, como si esa decisión la hubiera tomado por sí mismo.

El problema del PP no es si va a ganar las próximas generales. El problema es si el partido se va a poder reconstruir de cara a las legislativas de 2016. Porque después de anunciar durante cuatro años el Fin de los Tiempos y utilizar el terrorismo y cualquier otro asunto de estado como arma electoral, la derrota sufrida en las urnas es, para la derecha, una muy mala medicina. A la pregunta de si es Rajoy capaz de liderar esa renovación hemos de hacernos otra: ¿Tiene a su lado a gente capaz de formar parte de este proceso? A mí por lo pronto me ha sorprendido la elección de la Portavoz en el Congreso. Soraya Sáenz de Santamaría destaca simplemente por su fidelidad a Rajoy. Es decir, ni es buena oradora, ni es inteligente, ni representativa de ninguna corriente de renovación,... es simplemente fiel a Rajoy. No hay más. Ese es el único motivo que explica su designación. Ese y quizás otra teoría que elaboré ayer, nada más conocer la noticia: Rajoy ha elegido a la única persona poseedora de una boca más fea que la suya. Es sólo una teoría, pero ¿quién sabe?

Mientras, aquellos que no tardaron ni cinco minutos en pedir la cabeza de Rajoy, probablemente acaben tragándose sus palabras. ¿O se lanzarán Pedrojota y Jiménez Losantos a una ofensiva contra Rajoy? Pues cualquiera sabe, porque lo que tienen los locos es que nunca se sabe por donde van a salir. Yo me inclino a que seguirán apoyando a Rajoy, aunque quizás éste sea un flaco favor para aquel que pretende renovar el PP. El gran problema de fondo no es otro que la escasa democracia interna que rige el funcionamiento del Partido Popular. Aznar designó a Rajoy. Y todos callaron, aunque supieran que Rato o cualquier otra era mejor candidato. Perdieron unas generales, y lo achacaron al 11-M para lanzarse a la oposición más crispada y crispante de toda la democracia. Posteriormente Rajoy volvió a perder las elecciones generales. Y todos saben que es un líder ya quemado. No obstante, ante las alternativas existentes: Camps, Aguirre, Gallardón,... todos han optado por mantener el statu quo existente a la par que propugnan una renovación interna que no es más que una falacia para purgar a aquellos que quisieron volar demasiado alto.

Este verano habrá un congreso en el que se avalará la candidatura de Rajoy a seguir liderando el partido. Una militante de base del PP quiso participar en el proceso y acabó por retirarse después de que recibiera unas cuantas amenazas de muerte. Gallardón se apresuró a decir que él estaba con Rajoy. Esperanza Aguirre dejó claro que ella no se iba a presentar a este puesto, aunque en su fuero interno sabe que ella ha nacido para ser la "lideresa nacional". Este verano asistiremos a un espectáculo de ridícula escenificación. Rajoy será reelegido con aplastante mayoría. Y no obstante, todos serán, todos seremos, conscientes de que sigue siendo un cadáver interno que empieza a oler a putrefacto. Eso se llama renovación.