Si, ahora la cosa va de encuestas. Estamos aún en precampaña electoral, aunque realmente la campaña empezó hace casi cuatro años, desde que el PP perdió las elecciones, no aceptó el resultado y se propuso desestabilizar a toda costa al Gobierno de ZP. De hecho, esta legislatura ha sido aún más dura que la que, estando aún Aznar en la oposición, acabó con el Gobierno de Felipe González. Es la estrategia del PP cuando no está gobernando: todo vale con tal de desgastar al partido contrario.

Ahora vamos conociendo toda clase de datos acerca de los próximos resultados electorales. Todos los medios publican sus encuestas y lo sorprendente son los datos tan diferentes que se manejan. ¿Podemos darles un mínimo de crédito? A tenor de lo visto en las dos o tres últimas elecciones generales, ninguno. Todas coinciden en que el PSOE está a la cabeza en expectativa de voto. Sin embargo, no conseguiría la mayoría absoluta. El PP le sigue a la zaga, y según el sondeo del que se trate, la distancia es más o menos larga.

Lo llamativo ha sido la última encuesta del CIS. Apuntaban que la diferencia era de tan sólo 1,5%. Los voceros mediáticos del PP, lejos de agradecer ese dato, se han indignado. Decía Pedrojota, un día después de conocerse los datos de este sondeo, que el CIS se proponía crear tensión. ¿Está realmente el PP tan cerca? Yo creo que las encuestas han dejado de ser una fuente fiable para conocer los resultados electorales. Alguien con quien se contacta telefónicamente no tiene por qué decir la verdad acerca de la orientación de su voto.

Los partidos, junto a sus fieles escuderos de los medios de comunicación, utilizan las encuestas para sus intereses. Por ejemplo, apuntar que la diferencia que existe entre PSOE y PP es amplia contribuye a que el electorado de izquierdas se confíe y opte por no votar. Afirmar lo contrario, que el PP se acerca notablemente, puede ayudar a movilizar a las bases de izquierda, que por su forma de ser son a veces más críticas con la política de gobierno y pueden tender a la abstención. Ahí se explica el porqué de las críticas de Pedrojota.

Al PP le conviene una campaña a la baja. Personas solventes me han apuntado que si la participación es superior al 60% el PSOE ganará las elecciones. Las posibilidades del PP aumentan si no se sobrepasa ese porcentaje. Si votara un 80% el PSOE podría gozar de una mayoría amplia. Por ello, cada vez que la Conferencia Episcopal (esa institución que da tanto coraje e incluso repugnancia) ofrece un comunicado, la campaña se calienta. Y en ese contexto, es donde el PSOE sale beneficiado. Por contra, el PP ha planteado una campaña de medidas populistas, sin intentar entrar a fondo en temas clave: terrorismo, 11-M, Iglesia, trasvase del Ebro,... Como es lógico, aquellos temas que no les convienen, son ignorados. Parece que la varita de salvación a la que se agarra el PP es la economía. Y en este sentido han lanzado un discurso apocalíptico. España se va a al carajo. Y no se rompe ahora por el estatuto de Catalunya ni por el diálogo con ETA. La economía está hundiendo España.

Llegados a este punto, lo que hay que decir a los ciudadanos, es que el 9 de Marzo nos jugamos algo importante. El PP se ha escorado a la extrema derecha (no digo ya ni siquera derecha a secas) como nunca lo había hecho antes. Sus medidas en contra de la inmigración (a pesar de la integración real que existe del inmigrante) o contra los menores (que según el PP son una horda de delincuentes y asesinos) van en esa línea de atraer a los más radicales. El PSOE se encuentra por otra parte en una posición muy de izquierdas, sobre todo si lo comparamos con los planteamientos que en su día realizaba González. Las políticas sociales del gobierno socialista han sido una buena muestra de ello. ¿Felipe González se hubiera atrevido a permitir los matrimonios homosexuales? Yo diría que no. De hecho, no lo hizo. Son las dos Españas que se enfrentan nuevamente. Rajoy representa lo más carca, lo más casposamente tradicional, representa el pasado, la política dura para con los ciudadanos. El PSOE, gracias a la necesidad de apoyos que ha tenido y que previsiblemente tendrá si puede gobernar de nuevo, ha dado un pequeño salto en la calidad democrática de nuestro país. Un colectivo como el homosexual, por ejemplo, puede ejercer los mismos derechos que el resto de la ciudadanía. Y yo creo que eso es importante.

Por eso, porque nos jugamos mucho. Hay que ir a votar. Un 70% cuando menos. Y un 80% si es posible. Para que los Acebes, los Zaplana y toda esa chusma protofascista que tanto asco nos da no vuelva a gobernar. No digo que Zapatero sea la panacea del buen gobierno que merecemos. Pero votemos a la izquierda. A IU o al PSOE. Para que no vuelvan los mentirosos y los miserables.