¿Recuerda alguien el escándalo que montó la propia Comunidad de Madrid cuando denunció que en un hospital de Leganés se practicaban sedaciones ilegales? Los médicos de aquel hospital quedaron en entredicho. Los pacientes debieron asustarse. Y los familiares de algún fallecido probablemente también. El Director de Urgencias, que no era un tipo demasiado afín al PP, fue apartado de su puesto. Pues bueno... resulta que todo era mentira. No hubo sedaciones ilegales que condujeran a la muerte. Al menos así lo demuestra el hecho de que haya quedado archivado el caso que se había abierto contra estos médicos.

Estaría bien que Esperanza Aguirre pidiera perdón. Pero mucho me temo que no lo va a hacer. Hace poco, Ana Botella se atrevió a decir "todos hemos visto las trituradoras para fetos de 7 meses", que según su mente enfermiza utilizan las clínicas que practican abortos. La estrategia es la misma. Siembra el temor. El pánico. Algo terrible está ocurriendo. Hay médicos que cuando no sedan hasta matar a sus pacientes se dedican a triturar a bebés no-natos. Miserable.

Una estrategia vergonzosa, y que, sin embargo, sigue proporcionando muchos votos y réditos. Es un problema de moral. Hace poco, en la COPE, un periodista cubría la Marcha por la Familia que los obispos habían convocado contra el PSOE. Una señora se atrevió a decir que "la homosexualidad era mala, porque yo lo he estudiado en la escuela, porque si se hace por ahí, los espermatozoides se mueren con la caca y no puede haber embarazo". A veces me pregunto: ¿cómo cojones saca 10 millones de votos el PP? Hay mucha gente tonta en este país, con unos valores morales ridículos. Es lo que queda de 40 años de nacionalcatolicismo.