George W. Bush está de gira por Israel. Afirma que confía en que en menos de un año se haya alcanzado la paz entre palestinos e israelíes. Probablemente él mismo se lo crea, pues nunca tuvo muchas luces. Pero, ¿alguien más lo cree? De hecho, las declaraciones de Bush son sorprendentes, pues llega a mencionar las fronteras de 1967 como punto de partida en las negociaciones. O no es más que una coña, dicho vulgarmente, o mañana corregirá sus palabras y dirá que se han malinterpretado. Porque Israel jamás, al menos por las buenas, va a volver a las fronteras de 1967.

Israel es un estado imperialista. Creó su estado por la fuerza de la violencia, contra toda lógica. Y a partir de ese momento su objetivo siempre ha sido anexionarse más y más tierra. Y mientras, los palestinos en dos campos de concetración que conocemos como Gaza y Cisjordania. Palestinos e israelíes firmaron ya acuerdos de paz. Fue en Oslo, hace más de diez años. Y jamás se cumplieron porque Israel no dio el más mínimo paso para hacerlos viable. Mucha foto, muchas esperanzas y al final nada de nada. Todo es igual a día de hoy, aunque la esperanza brille por su ausencia. Al menos para los palestinos, que viven una especie de muerte en vida. En esa situación muchos estiman como positivo hacerse estallar llevándose la vida de todos los israelíes posibles por delante. No comparto esa actitud. Pero la entiendo.

Bush ejerce una vez más de bombero pirómano. Alguien que enciende fuegos allá donde pone sus ojos, jamás podrá apagar incendios enconados durante tantos y tantos años. Aznar también dijo en su día, cuando justificaba la invasión de Irak, que gracias a eso los palestinos tendrían su propio estado. Era mentira. Y lo de Bush también. ¿Quiere Bush la paz entre palestinos e israelíes? Pues lo primero que tendría que hacer es dejar de regalar armas para que los israelíes maten a sus vecinos.