Hace un par de día efectivos de la Guardia Civil detuvieron a dos ciudadanos en Navarra por su presunta pertenencia a ETA. La detención, tal y como señalaron fuentes de la propia Guardia Civil y como corroboró el Ministro del Interior, fue "violenta". Uno de los detenidos presentaba importantes lesiones que han motivado que haya sido hospitalizado en San Sebastián. El otro detenido se encuentra ya en Madrid. La Audiencia Nacional juzgará los posibles delitos que hayan cometido estas dos personas mientras que el Juzgado de Guardia de San Sebastián hará lo propio por posibles malos tratos a los detenidos. Por lo pronto,el Juzgado de Instrucción número 1 de San Sebastián, que estaba de guardia cuando sucedieron los hechos, ha abierto diligencias previas para aclarar lo ocurrido, lo cual ya es significativo, pues normalmente los juzgados suelen entender a priori que las fuerzas de seguridad del estado siempre actúan correctamente, nada más lejos de la realidad.

El caso ha adquirido cierta trascendencia. A pesar de que la mayoría de medios, que suelen cerrar filas con el Estado en este tipo de asuntos, no ha conferido demasiada trascendencia a los hechos. Desde mi perspectiva personal, he de decir que no me sorprendería mucho que se hubieran producido torturas o malos tratos por parte de la Guardia Civil. La muerte de dos agentes de esta institución en Francia, a manos supuestamente de miembros de ETA, quizás haya sido el detonante de esta actuación. Una detención puede ser violenta, pero es cuando menos extraño que se llegue a romper una costilla a un detenido y que ésto cause daños pulmonares al mismo. ¿Es la tortura una práctica habitual entre las fuerzas de seguridad? Hay informes de Amnistía Internacional que apuntan en esta línea. Y, sin embargo, el Estado en general, y la inmensa mayoría de las fuerzas políticas en particular, suelen mirar hacia otro lado. Cuando se trata de combatir a ETA, ese demonio imaginario bien instalado en el subconsciente de todos, parece que todo está permitido.
¿Denuncian sistemáticamente malos tratos los miembros de ETA o las personas del entorno abertzale cuando son detenidos? Quizás haya muchos que así lo hagan. Pero en algunos casos parece evidente que hay quiénes se han sobrepasado con los detenidos. Y este es un comportamiento totalmente intolerable por parte de un estado que se dice democrático y de derecho. Si alguien comete un delito, me parece bien que se le detenda, juzgue y si procede se le condene. Pero es inadmisible que aquellos que tienen que velar en primer término por la integridad de las personas practiquen los malos tratos y la tortura. Esa es una lacra que sucede en este país y que nadie se atreve a solucionar. Hemos visto imágenes de Mossos de Esquadra extralimitándose con los detenidos. Un agricultor almeriense murió en dependencias de la Guardia Civil después de ser golpeado con una porra eléctrica no reglamentaria. Y nadie suele ir a la cárcel por estos actos, a pesar de lo ultrajante de los mismos.

Si los políticos creen que la vía policial es capaz de acabar con ETA, cosa que yo no creo, pues que al menos vigilen porque no se lleven a cabo prácticas inadmisibles. Pero en este país parece que para acabar con ETA todo vale, y lo que es peor es que, a fuerza de propaganda y más propaganda, esa opinión está generalizada en la sociedad. Si hoy se hiciera una encuesta entre los ciudadanos acerca de la conveniencia de golpear a un detenido por pertenecer supuestamente a ETA, creo que la mayoría de los ciudadanos no verían mal que se les dieran unos cuantos de golpes. Y eso, por desgracia, es consecuencia de una práctica de desinformación e intoxicación informativa que ha calado muy hondo en la sociedad. ¿Por qué no se hace una investigación imparcial, con personalidades internacionales incluso, para conocer a fondo esta realidad? El día que esa iniciativa tome cuerpo, esta nuestra sociedad será más democrática.