Casas Viejas es un centro social okupado y autogestionado que realiza una inmensa labor social y cultural en la barriada del Pumarejo (Sevilla). El propietario del inmueble, un ricachón que vive en Madrid y que no ha pisado nunca Sevilla, obtuvo una orden judicial que instaba al desalojo del centro. En esa tesitura, esperando la inminente acción policial, se encontraban los miembros de Casas Viejas. Pero no esperaban con los brazos cruzados.
La Policía irrumpió ayer por la mañana en el inmueble, y pudo comprobar por sí misma como el ingenio y el valor pueden con su exclusivo recurso a la fuerza. Un par de jóvenes consiguieron encadenarse en el interior de unos zulos que llevaban construyendo durante todo un año. Intentaron sacarlos por la fuerza, hasta que llegaron a lesionar a una de las dos personas que allí se encuentran. También cargaron contra las personas que en la zona se manifestaban contra la acción policial. Cargaron violentamente y sin que hubiera una provocación previa. Así son estos antidisturbios que, sin embargo, nunca se los ve para disolver concentraciones de índole fascista.
Ahora mismo la situación es de tensa espera. Se están haciendo gestiones para que una orden judicial paralice el desalojo. Ni la policía, ni los bomberos, ni siquiera peritos en minas, son capaces de dar con la solución para sacar a esos dos jóvenes. El colectivo okupa sí podría hacerlo. Hay que conseguir esa orden judicial. Y tenemos que tomar medidas y manifestarnos para presionar a los poderes para que eso suceda. Es necesario por las dos personas que, arriesgando incluso su integridad física, han sido y son capaces de resistir ante una situación que, por muy legal que sea, es injusta. Y hay que conseguirlo porque sería una victoria importantísima para el colectivo okupa. "La brutalidad policial y la sinrazón del poder no han podido contra el ingenio y el valor de unos jóvenes que no han recurrido jamás a la violencia". Ese es el mensaje que hay que proyectar, porque, además de todo, es rotundamente cierto.
Todos debemos entender que ese inmueble que ocupa este colectivo estaba derruido cuando tomaron posesión de él. El dueño lo tenía abandonado, y sólo ahora, en plena fiebre urbanística, y cuando se ha multiplicado su valor, pretende darle uso. Un uso que no es otro que la construcción de viviendas de lujo. Y el propietario es una persona que vive de las rentas, propietario de numerosos inmuebles en Sevilla, gracias a que sus antepasados explotaron todo lo que pudieron y más a los obreros de Sevilla. Hay que ganar esta batalla. Porque la razón está de parte de estos jóvenes. Y porque es justo, joder. Como decía uno de ellos, al que he tratado bastantes veces: "Nosotros somos los buenos, joder. Y los buenos siempre ganan. ¿O no?". Mantengamos la ilusión. Hay que sacar esto adelante.

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