Es una noticia fabulosa. Los gemelos Kaczynski, que durante su mandato habían aprobado medidas discriminatorias, han perdido las elecciones. Eran unas de las puntas de lanza de esa nueva derecha ultrareaccionaria que había tomado posiciones en Europa. Lo malo es que este tipo de partidos y opciones políticas siguen teniendo gran peso en Europa. Pero podemos estar contentos de que un partido que negaba el derecho a los homosexuales de desempeñar cargos como el de profesor haya perdido el poder.
De hecho, sería diez veces más sensato impedir a alguien capaz de practicar esas políticas ejercer como profesor. Polonia es un país de mente conservadora. El yugo soviético le hizo decantarse en ciertos momentos por posturas conservadoras. Si a eso sumamos la ferviente tradición católica del país encontramos las claves del por qué unos tipos como los Kaczynski pudieron llegar al poder. Ahora lo que importa es que no vuelvan.
La llamada Plataforma Ciudadana ha sido quien ha cosechado el mayor número de votos, aunque, según parece, necesitará de apoyos para gobernar. Kaczynski ha dado la cara para reconocer su derrota y ha afirmado que su partido "quería cambiar el país sin violar la ley, pero que ese cambio se ha quedado a la mitad". Me alegro. Ahora habrá que volver atrás. Por cierto, el líder de la formación ganadora ya ha afirmado que va a retirar las tropas que Polonia mantiene en Irak. Yo diría que es un tipo sensato. Además, hay una máxima cristiana que dice "No matarás". Un partido confesional como el de los hermanos Kaczynski jamás debería haber mandado tropas a una guerra.

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