Ayer volvió a hablar Aznar. Y como ya es norma, no cabe sino escandalizarse de sus declaraciones. Lo peor es que esta persona sigue siendo el líder en la sombra del PP, principal partido de la oposición con esperanzas de hacerse con el gobierno del país en las próximas elecciones.

Aznar es un tipo resentido. Dijo allá por Georgetown, allende los mares, que los árabes todavía no le habían pedido perdón por haber invadido su país. Sin embargo, ayer cargó contra algún miembro del PSOE (no dio nombres) por hurgar en los cajones para revolver la Historia. Se refería a la reciente publicación del 'Acta de Crawford', en la que se detallan sus vergonzantes conversaciones con George W. Bush. Aznar es capaz de mirar 13 siglos atrás para exigir que le pidan perdón, y, sin embargo, parece tener una memoria de lo más volátil para recordar algo que sucedió hace tan solo unos años, y de lo que él era responsable.

Por lo demás, Josemari no hizo sino reproducir el clásico discurso 'made in Jiménez Losantos'. Ese de España se rompe, se están dando alas al secesionismo, se ha roto nuestra nación, se ha negociado con ETA, blablabla. Con una diferencia, Aznar quiso aparecer ayer como el gran defensor de Juan Carlos I. Es tambié gracioso, pues fue precisamente él quien lo relegó a un papel secundario en la política internacional.

Aznar es un tipo con una escasa calidad moral. Ayer volvió a quedar patente. Lo peor es que sigue mandando en el PP. Y cada día es más evidente que el PP, o al menos casi todos los que dirigen este partido, es un partido más de extrema derecha que de extrema moderada.