Si los medios de comunicación no existieran, probablemente Garzón no querría ser juez. Es una persona a la que en su actividad profesional mueve principalmente su afán de protagonismo. Ahora ha ordenado detener a toda la cúpula de Batasuna, en un acto en el que supuestamente se iban a traspasar poderes entre nuevos y viejos dirigentes. El argumento de Garzón es no simple, sino simplón: si Batasuna es ilegal y sus dirigentes se reúnen, eso supone que han hecho algo ilegal. Imaginemos que tres o cuatro antiguos líderes de esta organización quedan un día para tomar unas copas. Según el planteamiento de Garzón ese acto también sería ilegal.

Garzón se ha encontrado en los últimos tiempos con un nuevo problema. Grade-Marlaska le había robado mucho protagonismo mediático. Piensa recuperarlo. Eso está clarísimo.