Hace tan solo unos días unas 50 personas se congreron en una visita de los Reyes a Girona para protestar contra la misma. Quemaron varios encapuchados una imagen de los monarcas. Sólo uno de los mismos fue identificado y tuvo que comparecer ante la Audiencia Nacional por un supuesto delito de Injurias a la Corona. Se trata de Jaume Roure, que fue puesto en libertad aunque se encuentra imputado. Ayer unas 300 personas en Girona y otras 100 en Molins de Rei (Barcelona) se congregaron en solidaridad con Jaume y quemaron imágenes de los Reyes. ¿Se ha planteado alguien que lejos de tener la actuación de la Justicia una papel amedrentador ha cosechado el efecto contrario? ¿Qué harán ahora? ¿Encarcelarán a todas esas personas que, con el rostro descubierto, quemaron imágenes de los monarcas? La respuesta represiva nunca da resultados en este tipo de cuestiones. Y es que, por más que se diga, estas personas no han hecho daño a nadie. La Corona sigue disfrutando de todos sus privilegios. De sus propiedades. De una vida disipada. De paseos en yates y excursiones a pistas de esquí. Y todo a nuestra costa. ¿Qué sentido tiene la actuación judicial?

En mi opinión, los jóvenes catalanes que han quemado imágenes de Juan Carlos y Sofía se equivocan. Tienen todo el derecho del mundo a criticar el sistema monárquico, pues por más que nos intenten convencer no es legítimamente democrático que un grupo de personas, sea cual sea su linaje, vivan a cuerpo de rey (nunca mejor dicho) a costa de los demás. Sin embargo, para denunciar este hecho se debe utilizar ante todo la cordura. Y quemar una foto del Rey (en posición invertida además, como dándole un toque fanático al asunto) es simplemente una cagada. Pues las que en mi opinión son unas personas cuerdas acaban dando una imagen totalmente fanática y desbordada.

Sin embargo, sí me parece significativo quepor fin en este país se abra el debate en torno a la cuestión de la monarquía. Y es que hay que se trata de una institución obsoleta que a la sociedad sólamente le supone un gasto innecesario. Probablemente sea cierto que Juan Carlos es un tipo simpático. E incluso puede que su hijo Felipe no sea una persona que quiera intervenir en política. Pero, ¿cuál es el sentido de la monarquía en nuestra sociedad actual?