La Iglesia siempre se ha metido en la vida privada de las personas. Siempre han lanzado sus moralinas para decir cómo había que comportarse. Sin embargo, nunca han dado mucho ejemplo. Antes quemaban a la gente, por brujería, por ser judíos o musulmanes, o por lo que fuera. Actualmente no pueden imponer penas tan salvajes. Se contentan con despedir a aquellos profesores de religión que, bajo su particular punto de vista, no llevan una vida modélica.

El Tribunal de Canarias ha condenado la práctica de los obispos consistente en investigar la vida privada de los docentes. Carmen Galayo, que era profesora de religión, fue despedida por vivir con un hombre que no era su esposo, según la Iglesia. ¿Cuántos curas tienen que dejar los hábitos por sus abusos pederastas? Pocos. Se protegen unos a otros. Sin embargo, ¿cómo tienen tan poca verguenza de despedir a alguien porque después de un fracaso matrimonial hayan rehecho su vida? No me gustan las dobles morales.