Javier Ortiz, que fuera director de opinión de El Mundo, sugiere que en ETA podría haber un infiltrado. Si, bueno, me hace un poco de gracia el planteamiento de Ortiz. ¿Un infiltrado solo? Yo apostaría a que hay al menos una docena. Es más, en la cúpula de ETA seguro que hay uno y hasta dos (uno de la Policía Nacional y otro de la Guardia Civil; puede que hasta de la Ertzaintza). Y visto lo visto, puede que hasta el PP tenga un infiltrado ahí, en puestos de alta decisión. Porque es la única manera en que se explican algunos posicionamientos de la organización armada, que tan bien vienen a los mismos de siempre (que cada uno entienda lo que quiera).

Mientras tanto, Rajoy sigue hablando de "milagro" para explicar las detenciones que han impedido los atentados de ETA. Yo diría que ya tiene preparado lo que va a decir cuando se produzca un nuevo ataque con víctimas mortales: "Zapatero tiene la culpa porque ha dado fuerza a ETA, blablabla, blablabla".

Y vistas las cosas con perspectiva, la verdad es que la situación es un poco tragicómica. Trágica porque en Euskadi se sigue viviendo una situación de excepción. Trágica también porque personas como esos dos trabajadores ecuatorianos siguen muriendo por culpa de accions terroristas. Y es cómica, porque ETA es uno de los ejes de la política nacional, a pesar de que su consistencia no tiene nada que ver con la demostrada en los años 80 y 90. Es cómica porque el hilo central del discurso del principal partido de la oposición es ETA y exclusivamente ETA. Sin embargo, nadie se preocupa de la generación de jóvenes que tendrán que hipotecar hasta su alma para acceder a una vivienda. Ni nadie se acuerda de ese crimen que en las costas y en los parajes más bellos de nuestra geografía se está cometiendo. Tampoco nadie habla de siniestralidad y precariedad laboral.