Pakistán es una pieza clave en el mapa geopolítico internacional. País límitrofe con Afganistán, supone, a pesar de estar gobernado por un aliado de Occidente, un refugio para buena parte de los mandos e infraestructuras de Al-Qaeda y los talibán. Las fronteras de países como Pakistán, India o Afganistán fueron delimitadas artificialmente por los colonialistas británicos, ignorando sensibilidades, tradiciones, grupos étnicos y culturales. Buena parte de las tensiones que se viven en esa zona tienen que ver con esto.

Pero la historia reciente de Pakistán es, por ejemplo, también muy clarificadora. Musharraf es un dictador que se alzó con el poder con un golpe militar. El gobierno anterior fue depuesto. Musharraf se valió incluso del apoyo de sectores de la población marcadamente islamistas e integristas. Incluso toleró los fuertes vínculos y contactos de grupos de su país con los talibán. Sin embargo, una vez estaba próxima a desencadenarse la invasión norteamericana de Afganistán, cambió su postura. Quería conservar el cargo.

¿Qué sucede ahora en Pakistán? Pues que Musharraf se aferra a su poder, y parece haber encontrado instrumentos para controlar el país. Después de sobrevivir a varios atentados ha pasado a la ofensiva contra los islamistas. El integrismo islámico ha crecido inusitadamente bajo el mandato de Musharraf por varios factores. Muchos emigrados afganos, incluyendo adictos a los talibán, han llegado al país. Además, los sectores islamistas que apoyaron a Musharraf se sienten desencantados. ¿Y quién tiene la razón en toda esta historia? Pues Occidente tiene un aliado claro: Musharraf. Sobre todo porque el militar pakistaní será el arma que Occidente utilice contra los islamistas de este país. Además, parece garantizar el orden en el país.

A un lado queda la nula validez democrática del mandato de Musharraf, al que se designa en la prensa occidental como presidente. Entre los islamistas y él, resulta más convincente. Lo que Estados Unidos y sus aliados internacionales olvidan es el problema democrático que se plantea. Si hubiera elecciones en Pakistán, ¿quién las ganaría? El temor de que los islamistas resultaran vencedores hace que Estados Unidos no pida a Musharraf avances democráticos. Parecen confiar poco en las personas. Y cuando esto se desarrolla así, suele suceder lo que sucede en estos casos. El islamismo crece y crece. Y es normal. Si un tirano local, apoyado por la superpotencia, pisotea los derechos democrático de las personas, éstas se aferran al que parece ser la otra alternativa a Musharraf. Y en este caso estamos hablando de los islamistas más radicales y hasta violentos.