"Un día el buen Dios se llevará a Castro", afirmó George W. Bush, presidente de los Estados Unidos. Me producen al mismo tiempo asco y risa estas palabras. Asco, por esa manía que tienen muchos políticos de meter a Dios en los asuntos mundanos. Risa, porque Bush cada día resulta más patético, y no puedo evitar reírme de las ocurrencias de un tipo que simple y llanamente es tonto pero ha conseguido llegar a ser el hombre más poderoso del mundo.

Yo, que soy ateo confeso, por eso me atrevo a declarar lo siguiente: si Dios existiera, Bush no habría nacido. Y es que un buen Dios, como precisa Bush, no habría permitido que un maníaco ex-cocainómano con el coeficiente intelectual de un mosquito hubiera llegado a ser presidente de los USA. Porque, como se ha demostrado, con tipos de esta calaña en las instituciones, pasa lo que pasa. Mueren cientos de miles de irakíes, afganos y palestinos. Se invaden países por razones económicas. El mundo es peor, menos seguro y con menos derechos que antes de Bush. El buen Dios, si existiera, no habría permitido su nacimiento.