¿Qué se puede decir de unos tipos que bombardean una escuela causando la muerte de al menos siete niños? Pues lo menos que se diría es que son unos viles criminales. La excusa y la explicación ahora es que en la escuela se escondían militantes de Al-Qaeda. Bueno, como resulta que hay adultos muertos, pues con decir que estos eran terroristas todo cobra sentido.

Afganistán es un inmenso polvorín. Y si bien en un principio parecía más fácil lograr la pacificación allí que en Irak, la realidad empieza a mostrarse siniestra. No se puede cambiar un país de la noche a la mañana. Y unos miles de militares no pueden controlar un país montañoso como Afganistán.

Ante esta tesitura, la opción más lógica hubiera sido la retirada. Estados Unidos sigue optando por bombardear escuelas. ¿Alguien imagina la conmoción de la noticia si los siete niños hubieran muerto en una escuela norteamericana? Pero como son afganos, parece que no importa tanto.