El otro día salía Rajoy contento de Moncloa. Había sorprendido a propios extraños al parecer proclive a un entendimiento con el Gobierno en materia antiterrosita. Él venía con un discurso preparado; los demás tendrían que improvisar. Iba todo bien, a pesar de su desliz verbal: "ETA es una gran nación".

Fue a la COPE y siguió mostrando su imagen de hombre de estado. Sin embargo, en un receso, gracias a unas declaraciones off the record que se filtraron al público, nos enteramos que su comportamiento no era más que una maniobra de cara al futuro. Ahí vimos la auténtica cara de Rajoy: un don Nadie con ínfulas de líder que le explicaba entre risas a Fedeguico su pérfida estrategia.

Las declaraciones en materia antiterrorista del PP no difieren mucho de las de los últimos meses. Y no sólo eso, pues el mismo Rajoy se prodiga también en comentarios poco propicios para conseguir el consenso que pregona.

Estaban al borde de un río una tortuga y una serpiente. La tortuga accedió a que la serpiente cruzara en su caparazón, pues de no hacerlo se hubiera ahogado. En plena travesía la serpiente mordió en la piel de la tortuga. Se iban a pique y la muerte era próxima para ambas. La tortuga le dijo a la serpiente: "¿Por qué lo has hecho?". La serpiente contestó: "Porque soy serpiente". Los del PP no pueden dejar de ser del PP.