Hace poco tuvimos conocimiento de un inmigrante que, sin documentación, trabajó en unas obras de reforma en la sede del PP en Madrid, en la calle Génova. Este hombre sufrió un grave accidente del que todavía tiene secuelas. Nadie del PP se interesó por su estado de salud.

Hoy sabemos que Sarkozy, azote de la inmigración (legal e ilegal, él no distinguía), empleó en unas obras que se realizan en una residencia oficial que ocupa los fines de semana a dos inmigrantes ilegales. El hombre que llamó vagos a los habitantes de los barrios más depauperados de Francia, principalmente inmigrantes, empleó a dos trabajadores que no tenían regularizada su situación. Es curioso, precisamente los que están en contra de regularizaciones masivas de inmigrantes, aquellos que se proponen combatir la llegada de ciudadanos de otros países, después no dudan en emplear en sus obras a trabajadores sin documentación. ¿Por qué? Son más baratos.

También en la M-30 fueron empleados. La cuestión es la siguiente: estos políticos de derecha son unos auténticos hipócritas; pero es que además son unos pillos y unos sinverguenzas.