El líder del PP tenía hoy dos opciones:
a) Presentarse en Moncloa con el ánimo de seguir fomentando la crispación y mantener las diferencias entre PP y PSOE. Podría haber calentado aún más el ambiente con nuevas declaraciones incendiarias. Esta estrategia podría ser útil si existiera tal nivel de alarma social que se pudiera propiciar un adelanto electoral. El PP, en esa coyuntura, tendría las de ganar.
b) Rajoy también podía presentarse en Moncloa con un discurso más centrista y centrado, ofreciendo al presidente colaboración y unidad. Es evidente que si la cita electoral se va a postergar hasta el año que viene, agitar desmesuradamente ahora el fantasma del terrorismo podría tener efectos contraproducentes.

Rajoy ha optado por la segunda opción. Está claro que el PSOE y la izquierda en general no están por un adelanto electoral. La primera de las bazas parecía, teniendo en cuenta los últimos acontecimientos, la más previsible. Pero también era la menos acertada. En Génova 13 son listos. Hay que tener cuidado con estos enemigos.

Sin embargo, hay que precisar una cosa. Rajoy no ha abandonado su discurso catastrofista y dramático. Es cierto que la actual situación no es propicia para estar esperanzados. Pero no siempre hay por qué ser tan apocalípticos. Rajoy lleva mucho tiempo ejerciendo de profeta del desastre. Quizás le cuesta un poco cambiar de pose.

Sólo tengo una duda: ¿la derecha más cavernícola apoyará a Rajoy con este cambio de actitud? Mañana lo veremos. Hoy he mirado con impaciencia lo que Libertad Digital publicaba sobre el tema. Aún no se ha posicionado. Quizás le haya cogido por sorpresa. Quizás no les guste pero se morderán la lengua, aún a riesgo de envenenarse. Mañana podremos ver qué posicionamiento escoge Fedeguico, líder mediático del ala extremista del PP.