Los hechos son como siguen. Uno de los procesados del 11-M, Basel Ghalyoun, tenía un abogado de oficio. De pronto se presentó un tipo muy bien trajeado, al que nadie sabía quién pagaba, que se hizo cargo de su defensa. Hoy sabemos, por ejemplo, que este abogado falsificó una supuesta carta de Basel Ghalyoun que fue publicada en El Mundo. Según el propio Ghalyoun ha manifestado, el abogado actuaba en connivencia con un periodista del medio de Pedrojota Ramírez. Es vergonzoso que aún cuando un juicio está realizándose y sigue su curso natural surjan informaciones tendentes a desvirtuarlo. Pero es que es mucho peor que esas informaciones no sólo sean falsas, sino que además ha existido una trama para dar lugar a las mismas.
Sólo espero que algún día alguien se atreva a juzgar a Pedrojota por lo que está haciendo con su asqueroso y repugnante estilo de hacer periodismo. En política no todo vale. En el periodismo tampoco. Y no debería salir gratis ir por ahí mintiendo y diciendo barbaridades, y todo únicamente por favorecer determinadas opciones políticas y por vender periódicos. Cada día da más asco el hombre del corpiño.


Escribe un comentario