Hugo Chávez ha ganado elección tras elección, avalado por los observadores de la Organización de Estados Americanos. Ha emprendido profundas reformas políticas y sociales en un país rico donde, sin embargo, la mayoría de la población vivía en la pobreza. Pero Chávez no se ha ganado los parabienes de la prensa occidental, más bien al contrario. El pecado de Chávez es haber sido resueltamente revolucionario en unos tiempos donde se premia la mediocridad.

Hoy tenemos un ejemplo claro de la manipulación que suele existir en la prensa occidental respecto a Chávez. Se trata de un artículo que aparece en El País digital, en portada, dentro de la sección Yo, periodista. Se trata de relatos que envían ciudadanos particulares. La iniciativa es buena. Ahora bien, ¿no deberían contrastarse ciertos datos y ofrecer varias fuentes? El artículo del que hablo es sencillamente criminal. Se apunta que seguidores chavistas han asesinado a una estudiante venezolana. No hay fuentes, faltan datos, y no está presente la opinión de los partidarios de Chávez. Un ejemplo clarísimo de manipulación. Y hasta El País practica esta especialidad periodística tan extendida.