Acabo de leer en El Mundo algunas declaraciones de Sánchez Dragó en la presentación de su último libro. Este personaje, que presenta un programa informativo en Telemadrid, ha llegado a decir que está tan harto del actual Gobiernoque "O Zapatero se va del Gobierno, o yo del país". Un tipo imparcial y objetivo, si señor. Y un tipo además que pronto abandonará el país, si es fiel a sus palabras.

Pero la palabra de Sánchez Dragó no tiene gran valor. Cuando fue designado director del programa de Telemadrid afirmó que sería capaz de entrevistar a Otegi. Eso dijo este señor. ¿Ha enviado ya la invitación al líder abertzale? Evidentemente no. No conviene echarle mucha cuenta a este tipo.

Su retahíla de tonterías puede dejar a cualquiera anonadado. Yo citaré alguna. "Soy un anarquista de derechas". Pero, ¿Sánchez Dragó tiene alguna clase de estudios? Lo digo porque cuando se estudia el anarquismo te dejan claro que no era precisamente un movimiento de derechas.

También afirmó el enclenque mental de Sánchez Dragó que "No puedo ser de izquierdas porque es una secta del cristianismo, ya que recoge la más delirante idea que jamás se haya formulado: el igualitarismo". Yo soy de los que defiende la legalización de las drogas. Ahora bien, a tipos como este, con manifiestas tendencias paranoicas, creo que habría que controlar lo que se le suministra.

Leo estas declaraciones, y hasta me puedo reír. Tengo mucho sentido del humor. Pero por muy dado que sea a la risa, me imagino a alguien, por ejemplo un cámara o un realizador, que diariamente tuviera que charlar con este tipo. ¡Pobre! Sería para cortarse las venas. Alguien con tantas ínfulas y con tan poco contenido.