Ayer, en un debate político televisado en el que se citaban los aspirantes a la alcaldía de Madrid Miguel Sebastián, candidato socialista, arremetió contra Gallardón relacionándolo con una de las implicadas en el caso Malaya. Podemos entender esta cuestión como un envite típico de campaña y poco más.

En cualquier caso, parece que Gallardón está limpio, de momento, y hasta que se demuestre lo contrario, como están todos los políticos que de una u otra forma suelen estar al tanto de lo que ocurre en muchas operaciones urbanísticas, y no siempre cosas legales. Parece ser, según se infiere de lo dicho por Gallardón, que alguna clase de relación personal sí ha mantenido con esta persona, Montserrat Corulla, que ha sido testaferro de Roca. Pero bueno, a nivel de negocios o institucional esa relación parece no exisitir.

Lo que es gracioso es observar las relaciones con personas de dudosa catadura moral que suelen mantener los políticos. Ellos al fin y al cabo están en el meollo de los negocios que se cuecen en torno al suelo, y rara vez son del todo limpios. Gallardón no va a perder estas elecciones por esta cuestión, eso está claro. Ni se pueden centrar las críticas exclusivamente en su figura. Pero lo cierto es que los políticos suelen mantener amistades con quien no deben, con demasiada frecuencia además.