El Vaticano se propone beatificar a un total de 498 religiosos asesinados durante la Guerra Civil. Se trata de la práctica totalidad de los mismos, si excluimos a los curas vascos que fueron asesinados por Franco. Esos, justamente los que tuvieron un comportamiento más ejemplar, se quedan fuera de esta medida absurda. A mí me da igual que beatifiquen a quién sea. Eso de la beatificación me parece una cagada. Y si me llamaran "beato", hasta me ofendería.

Lo que me jode es el papel de justificación y defensa de la "cruzada nacional" que todavía hace la Iglesia. Franco fue un dictador, que se alzó en armas contra un gobierno legítimo. Y sorprende ver como, todavía, 70 años después, la Iglesia juega el mismo papel que antaño: defensores de la cruzada.

Es vergonzoso. Y la culpa no es solo de Ratzinger, ese aprendiz de nazi que ha llegado a Papa. Su antecesor, Juan Pablo II, también se dedicó a canonizar exclusivamente a los sacerdotes que murieron a manos del bando republicano. Los dobles raseros siempre dan asco. Pero más asco dan aún cuando los practican quienes se confieren el poder para decir qué es pecado y qué no, quién va al cielo y quién al infierno. Si existen cielo e infierno, Ratzinger y su camarilla tendrían que pasarían el resto de su existencia al lado de Lucifer.