Las inmobiliarias se están derrumbando en la bolsa. De las más importantes, la que menos cae pierde más de un 5% de su cotización. Algunas caen por encima del 20%. El detalle que ha propiciado esta caída generalizada ha sido la publicación de algunos detalles de las operaciones de Astroc, que el año pasado fuera el producto estrella del sector bursátil. El problema es que se dudaba de la solvencia de esta empresa.
Pero no hace falta ir a la bolsa para comprobar la crisis que quizás aguarde al sector. Si uno da una vuelta por algunas de las faraónicas obras que se están emprendiendo, en las que se construyen cientos y a veces miles de viviendas del tirón, se puede comprobar que muchas de ellas, un número cada vez mayor, se quedan vacías. Y es que para la mayor parte de la población joven, que es la que no tiene una vivienda, la única vía posible son las viviendas de protección oficial. Comprar una casa normalita, por más de 30 treinta millones, como sucede en mi lugar de residencia, un pueblo de Sevilla, es simple y llanamente imposible.
¿Bajarán los precios? Pues depende. En los lugares dónde más se había inflado esta burbuja probablemente caerán. En otros puntos de nuestra geografía se mantendrán más estables. Quizás sea más fácil para aquellos jóvenes que no tenemos acceso a la vivienda poder encontrar una. Sin embargo, aquellos que acaban de adquirir una y han firmado una hipoteca de esas por 30 años probablemente estén lamentando su mala fortuna.

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