Lo decía aquí mismo, en este blog: Estados Unidos aún no ha renunciado a su idea de atacar Irán. Es más, tiene un plan bien definido al respecto, según informaciones que hemos conocido hoy. ¿Y es posible?, se preguntarán algunos. Bueno, la presencia mayoritaria de demócratas en Congreso y Senado estadounidenses dificulta esta operación, pero no es desde luego imposible. Cabe esperar, por ejemplo, que Estados Unidos caldee paulatinamente el ambiente. Bush se prodigará en acusaciones contra Irán. Surgirán nuevas pruebas (que nada tendrán de pruebas, pues serán burdas mentiras) para hacernos creer que el ataque es necesario. Y si se empeñan, lo harán.

Con Irak pasó algo parecido. Yo mismo dudaba de que Estados Unidos fuera capaz de atacar, sobre todo viendo el descontento que a lo largo y ancho del mundo provocaba esa política de agresión. Y lo hicieron. Ahora puede ser mucho peor, porque atacar Irán significaría que la retaguardia de las tropas norteamericanas la constituirían países como Irak o Afganistán, que en absoluto están bajo el control de la administración norteamericana. Si a esto sumamos los problemas religiosos, por cuanto confrontación entre suníes y chiíes, que podrían surgir, la ecuación es de lo más mortífera. Podríamos estar hablando, casi sin exagerar, de una guerra de proporciones inauditas, que se extendería desde el Golfo Pérsico hasta la frontera misma con Pakistán. ¿Está el mundo preparado para algo así? Yo diría que no. Pero Bush y los que lo han puesto y mantienen ahí sí que están preparados.