Libertad Digital ha encargado la noble misión de descubrir la verdadera trama del 11-M a Luis del Pino, cuya figura históricamente debe ser asimilable a la de los periodistas que destaparon el Watergate (irónico, por supuesto). Luis del Pino tiene dentro de este medio su propio espacio en el que da rienda suelta a todo ese talento para la invenciónque como escritor de ciencia-ficción a lo mejor le hubiera llevado altas cotas. Como periodista, queda a la altura del suelo. La sección de Luis del Pino se llama, por cierto, Los Enigmas del 11-M. Suena como uno de esos programas que abordan fenómenos paranormales.
En realidad, utiliza un tono directo. Muestra datos y da conclusiones que sobre esos datos son en teoría ciertas. En la práctica lo que sucede es que faltan datos que son necesarios para acertar en las hipótesis. Analicemos lo relativo a la presencia del dinotrotolueno, esa sustancia tan importante y de pronunciación tan complicada. Luis del Pino afirma que el hecho de que esa sustancia aparezca en las explosiones indica que no se utilizó Goma 2 ECO, lo que supondría demostrar toda la versión oficial. Nada más lejos de la realidad, y a pesar de lo que en teoría digan los manuales de química, en las propias muestras recogidas en Asturias, de donde supuestamente salió el explosivo, también se encontró la misma sustancia: el dinotrotolueno. Por tanto, la conclusión a la que se debe llegar una vez se analizan los datos de que se disponen es que el explosivo utilizado en el atentado era similar al que se encontró en la mina asturiano. Por tanto, si a eso unimos otra serie de pruebas, se puede inferir que el explosivo salió de ese lugar.
Miente Luis del Pino. Digamos que está en el límite. Lo que sí hace, y de manera intencionada, me temo, es ocultar la realidad.