Hoy
hemos sabido de la última iniciativa de la ministra Trujillo: se
promoverá la vivienda social en alquiler en lugar de en propiedad. A mí
me parece bien, no aspiro a poseer una vivienda, pues me conformo con
que se me garantice que tendré disponible un lugar digno para vivir
pagando un alquiler razonable. Ahora lo que quiero es que estas medidas
se apliquen. Porque después de toda aquella polémica de los micropisos,
que supuestamente barajaba también Trujillo como posibilidad, no he
visto ningún micropiso. Por lo menos no promocionado por la
administración pública y alquilado a un precio decente.

El problema de la vivienda, y es hora de que nos demos cuenta todos, es
que la especulación urbanística se ha convertido en el gran motor de
nuestra economía. Implementar políticas razonables en esta materia
supone, hasta cierto punto, acabar con la gallina de los huevos de oro.
Y me temo que ningún Gobierno se atreverá de momento a realizar tamaña
acción. La alternativa es poner los cimientos de una economía más
razonable, más diversificada y con más alternativas. Entonces quizás se
pueda poner freno a la especulación urbanística.

Ahora mismo, en la actualidad, comprar una vivienda, incluso una VPO,
supone practicamente ser atracados, por las inmobiliarias y
constructoras, que sacan suculentos beneficios por cada venta, y por
los bancos, que además van engordando sus cuentas con cada hipoteca.
Súmese a la ecuación que la connivencia que actúan estos individuos
hace que estamos hablando de una auténtica trama mafioso. Y mientras
tanto, el derecho a una vivienda digna (recogido en la Constitución)
queda pisoteado. Me cago en la Unidad de España (también recogida en la
Constitución), ¡Yo quiero una vivienda!