"Que se muera". Esa es la definición coloquial de la decisión que ha tomado hoy en la Audiencia Nacional.

En su día, cuando se decidió no dejar en libertad a Iñaki de Juana Chaos (al que ahora le niegan hasta el nombre vasco cuando lo llaman Ignacio), publiqué los dos artículos de Gara, escritos por el preso, por los que después fue condenado a 12 años de prisión. Por más barbaridades que se digan, 12 años son muchos por dos artículos. Muchísimos. Y lo peor es que ahí no hay amenaza alguna. Y si alguien lo duda, que los traduzcan, y que algún observador imparcial proveniente de un país europeo decida sobre la cuestión. Alucinará en colores.

La Audiencia Nacional, como tantas otras instituciones de Justicia, es lo que es (me ahorro decirlo porque aquí los años de cárcel salen gratis), y no cambiará. Triste, tristísimo.

¿Y si muere esta persona? Pues los del PP y la AVT estarán felices (a pesar de lo cristianos que dicen ser), la izquierda abertzale tendrá un nuevo mártir, el proceso de paz (que ETA mató en su día) ahora estará remuerto,... Para mí habrá muerto una persona, y no considero ese hecho motivo de alegría, sobre todo si se podía haber evitado.