Contenedores ardiendo, consignas incendiarias, choques con la policía,... Estos hechos, si acontecieran en cualquier lugar de Euskadi, serían denominados como un nuevo episodio de Kale Borroka. Sin embargo, ha sucedido en Castellón. Jóvenes de la localidad, y de municipios aledaños, se han concentrado por móvil para protestar contra los actos violentos de los denominados "latin kings". Esta concentración se produce un día después de una multitudinaria pelea que enfrentó a jóvenes españoles contra jóvenes suramericanos. ¿Fueron los suramericanos los únicos culpables en la reyerta? A priori yo diría que no.
Detrás de estas manifestaciones está el fantasma de la extrema derecha, que aprovecha problemas de integración como caldo de cultivo perfecto para difundir su ideología y hacerse fuerte en determinadas zonas y sectores. ¿Por qué los "Latin Kings" se encuentran integrados en la sociedad catalana y, sin embargo, su convivencia en determinadas zonas de Madrid con jóvenes españoles se antoja imposible? ¿No habrá dejadez por parte de las administraciones competentes para abordar el problema de una integración total y real? El plan lanzado en Catalunya, respaldado por reputados sociólogos, fue rechazado por el Gobierno autonómico de Esperanza Aguirre. Si tiene otras alternativas, que las plantee ya, porque el problema empieza a descontrolarse.
Y lo gracioso es que quizás hasta crea que les conviene. La derecha lleva ya un tiempo haciendo el papel de "bombero pirómano" en nuestro país. Rompen la unidad en la lucha contra el terrorismo, y a continuación hacen responsables al Gobierno de no conseguir dicha unidad. No me extrañaría que mañana mismo empezaran los responsables del PP a criticar al Gobierno por su política inmigratoria. En primer lugar, el fenómeno de la inmigración suramericana a nuestro país arranca desde el despegue económico de nuestra sociedad. Y ello, nos lleva a la época del PP. Para buscar soluciones hacen falta políticas reales, acordadas entre todos y sobra, ante todo, el partidismo electoralista. No valen las políticas carcas, no valen los modelos de sociedad desestructurada. Sin embargo, ese es el modelo de sociedad que, por ejemplo, impera en Madrid. A golpe de faraónicas obras aumenta la población. Los precios se disparan. Los salarios ni mucho menos al mismo ritmo. Y los servicios que se prestan, sino se privatizan, se infravaloran. Esa no es la solución.
También se podría hablar de los distintos raseros judiciales que hay en nuestro país. Si un joven de Rentería, pongamos por caso, quema un contenedor y lanza piedras a la policia puede ser considerado un terrorista. Si lo hace uno de Alcorcón, como mucho le tildaremos de gamberro.


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