Es duro que para alguien como José Couso, que fue asesinado mientras hacía su trabajo, todavía tengamos que estar pidiendo justicia. Pero aún parece posible que esto se consiga. La Audiencia Nacional ha ordenado detener a los tres militares de Estados Unidos a los que se responsabiliza del asesinato del periodista español. Es una buena noticia para los familiares de Couso, pero también es una buena noticia para todos, incluso a escala internacional.

Estados Unidos campa por el mundo como el justiciero enmascarado al que todo le está permitido. Y se lleva por delante vidas humanas. Y en casi todas las ocasiones, quienes mueres son, además, personas inocentes, que nada saben de guerra y muerte y que, sin embargo, la padecen en sus carnes.

La gran superpotencia es uno de los pocos países que no ha firmado los convenios para una Corte Penal Internacional. Y no lo hacen por una razón muy sencilla: sus soldados frecuentemente violan los derechos humanos. La cuestión de fondo es la siguiente: ¿son los soldados los únicos responsables o habría que acusar también a sus altos mandos o incluso a los políticos que los dirigen? Los soldados que cometen este tipo de actos son unos cobardes malnacidos. Pero probablemente sus superiores son aún peor.