Leo, con indignación, que dos periodistas marroquíes han sido condenados por las autoridades de este país por un delito de opinión. El artículo se titulaba "Chistes: ¿Cómo se ríen los marroquíes de la religión, del sexo y de la política?". Se puede imaginar que tenía un carácter preponderantemente humorístico.

El problema de los dos periodistas marroquíes es haber cuestionado algunos de los pilares sobre los que se sustenta el estado. Ni siquiera creo que hayan tocado un tema tabú para la sociedad, puesto que se trataba de chistes que recorren las calles de Rabat, Tetuán, Larache, Tánger,...

De todas formas, no hay que escandalizarse demasiado porque este hecho haya sucedido en Marruecos. En este país mismo, por un delito de opinión, un ciudadano ha sido condenado a 12 años de cárcel. Aquí cuestionó el carácter democrático de las instituciones y los modos de funcionamiento de las instituciones penitenciarias, a las que acusaba de tolerar la tortura. El ciudadano en cuestión se llama Iñaki de Juana Chaos. Y por más que el proceso de paz se haya roto, y además por culpa de ETA, sigue sin parecerme bien que por los dos artículos que este señor publicó en Gara pueda ser condenado a 12 años de cárcel. Además, lo que De Juana apuntaba en sus artículos ni siquiera provoca indignación en la sociedad española. Pensemos un poco. Hay un chiste, conocido y bueno, que dice así:
"Van dos extranjeros por el campo andando. No saben nada de España y se encuentran un tricornio de la Guardia Civil. Uno lo coje y se lo pone en la cabeza. El otro le dice:
- Pareces un torero.
Le conesta el amigo:
- No se lo que parezco, pero me están entrando ganas de pegarte una hostia..."