El anuncio por parte de George W. Bush de su intención de desplegar más soldados en Irak ha provocado diversas reacciones. Por una parte, los demócratas, que tras las últimas elecciones legislativas controlan Congreso y Senado, han mostrado su disconformidad. Por otra, también se han desarrollado manifestaciones en contra de la medida en las más importantes ciudades estadounidenses. ¿Seguirá Bush adelante en su empeño? Yo apostaría a que sí. Como ya he dicho anteriormente, la opinión de los norteamericanos no es lo que más importa a Bush, sino los intereses de las grandes empresas que se lucran con el conflicto.
Es significativo que la política internacional de Bush, lejos de moverse un ápice, se ha reforzado. En Somalia, por ejemplo, se han inmiscuido en un conflicto interno del país para bombardear posiciones de los llamados Tribunales Islámicos. Ello implica apoyar al otro bloque en conflicto, el que agrupa a los Señores de la Guerra, que antaño se enfrentaron a las tropas estadounidenses cuando Clinton las desplegó en supuesta misión humanitaria. Los Señores de la Guerra se integrarán en el ejército regular somalí. Washington vuelve a practicar su torticera política exterior, en la que cualquier juego de alianzas posible que le vaya a beneficiar es admisible, aunque plantee todo tipo de cuestiones morales. Esta es la mejor manera de crearse nuevos enemigos, nuevos Bin Laden, nuevos Sadam Hussein.
Siempre he planteado que el problema de un país como Israel se basa en la existencia de un ejército a cuyo servicio está la sociedad, y no al revés. Es decir, la constante obsesión por la seguridad ha llevado al Estado Sionista a enfrentarse con todos sus vecinos, a veces sin la menor justificación, a la par que se han violado resoluciones de la ONU. Con Estados Unidos sucede lo mismo. Los manifestantes salen a la calle para clamar contra la barbarie. Y las encuestas reflejan el desagrado popular hacia estas políticas. Pero la maquinaria militar que se ha creado no puede parar. Y, como ya he dicho, no hablo sólo del ejército en sí. Hablo también de las empresas que subcontratan servicios de seguridad, las que fabrican armas, las que alimentan a los soldados, las constructoras que reconstruyen lo que el propio ejército destruye. Un sinsentido que no parece tener fin.


maldita guerra..........espero que a bush le salga una hemorroide enorme......y muera