Forman parte del paisaje urbano. A primeras horas de la mañana o a últimas de la noche los vemos dormir bajo cartones. Al abrigo de un puente, o en un cajero automático. En Sevilla, los bancos están especialmente diseñados para que nadie pueda tenderse en ellos. Es decir, no quieren que los mendigos, los sin techo, acampen en esas céntricas plazas. En general, no los quieren. Y son personas, siguen siendo personas, a pesar de las complicadas historias que hayan hecho que den con esa situación.

En Francia alguien se ha planteado hacer algo por esta gente. Se hacen llamar "Los hijos de Don Quijote" y han conseguido algo. Me alegro. Sin connivencias de ninguna clase con los partidos políticos. Sin esperar nada a cambio. Y buscando el bien de un sector social en el que nunca nadie piensa. Bien por ellos.