11 de Marzo de 2004. A tres días de las elecciones generales, un grupo islamista realiza el mayor atentado terrorista cometido jamás sobre suelo europeo. Casi 200 víctimas mueren en Madrid. La conmoción es total. El PP se empeña entonces, haciendo un sórdido cálculo electoral, en convencernos de que la causante de la tragedia es ETA. Al principio todo el mundo les cree. Posteriormente surgen las dudas, y en las manifestaciones surge de forma espontánea una demanda: "queremos saber la verdad". Es entonces cuando Rubalcaba, en una intervención que sucede a otra de Rajoy en la que pide que la gente no se manifieste ante las sedes populares, afirma que los ciudadanos tienen derecho a decir la verdad.

Muchos acérrimos del PP consideran que aquello fue una pequeña traición al sistema democrático, y que fue desleal. Pues hablemos ahora de grandes traiciones, y de deslealtad mayúscula, no sólo al Gobierno, sino a la ciudadanía: Rajoy afirma que estamos en un barco sin timonel. Como a ellos los tumbó un atentado terrorista, causado por su intervención en Irak y sobre el que mintieron como bellacos, ahora quieren aprovechar este atentado para desalojar del poder al PSOE. Así son estos del PP, unos tipos borrachos de poder que harían cualquier cosa por volver a mandar.