El inmenso dolor y daño que sufrieron millones de judíos por parte del régimen de la Alemania Nazi ha sido uno de los elementos justificantes del Estado de Israel. Después de aquella barbaridad, buena parte de la comunidad internacional, al menos los países que mandan, decidió que era legítimo que el pueblo judío tuviera un estado en la tierra que, hipotéticamente, ocupó un par de milenios atrás. Absurdo. Pero se hizo.

Sin embargo, hay mucho que debatir acerca del Holocausto Judío. No cabe duda de que el asesinato masivo e indiscriminado de muchos miembros de esta religión fue un hecho cierto. No fue, sin embargo, menos cierto que determinados grupos sionistas negociaron con Hitler y, hasta cierto punto, hasta aprobaron esta represión sufrida por los judíos, como punto necesario para que emigraran y construyeran el gran Israel.

También habría mucho que decir del Holocausto Armenio, sufrido por parte de los turcos. Del de los homosexuales que también cayeron víctimas del terror nazi (y nadie propuso que se creara un estado para ellos) o de los gitanos, sufridores también de la persecución nazi (y también sin estado).

O podríamos hablar del Holocausto Palestino, cuyos causantes son los israelíes precisamente. Las vueltas que da la vida. De víctima a verdugo.

El caso es que en Teherán se está reuniendo una conferencia que pretende analizar el mito del Holocausto Judío. Las conclusiones que elaboren, pues uno podrá creerselas o no. En general, en los últimos años vivimos en una suerte de relativismo histórico tal que uno puede encontrar dos teorías exáctamente opuestas. Y ninguna de las dos puede ser erróneas. Lo que sí hace falta es una condena del empleo interesado y sucio de determinadas cuestiones históricas. Que los judíos sufrieran una terrible persecución no legitima a unos cuantos judíos a que persigan y aniquilen al pueblo palestino.