America Latina hacia adelante

Ni con golpes de estado, ni a través de las urnas: Chávez no se va. Y no lo hace por una razón muy sencilla: el pueblo desea que continúe. Acabo de ver la tertulia política de Cuatro. Una periodista, después de escuchar el discurso que hizo el mandatario venezolano ayer, tras conocer el resultado electoral, ha afirmado que "Chávez quiso ser sacerdote. Y si hubiera llegado a serlo los venezolanos estarían más contentos porque no habría llegado a ser Presidente de Venezuela". ¡Qué desfachatez! Y más cuando los venezolanos acaban de pronunciar, a través de las urnas, su mandato soberano. Chávez es Presidente porque Venezuela así lo desea. Y este hecho lo confirman unas elecciones que avalan todos los organismos internacionales.
"La revolución bonita", como Chávez denomina al proceso y al movimiento que él mismo abandera, sigue adelante. El producto interior bruto ha crecido sensiblemente. Las diferencias sociales se han reducido. Y se han puesto en marcha una serie de programas de asistencia social que garantizan a la población una serie de servicios básicos de los que carecían. Todo son logros. Y se han conseguido pese a la oposición de los mayores poderes fácticos. ¡Bravo por Chávez!
Y todo ello cuando conocemos que Augusto Pinochet se acerca a su fin. Las dos imágenes de América Latina. Mientras Chávez simboliza la lucha de los millones de marginados que lo son en América Latina, Pinochet representa a las clases más privilegiadas que viven a expensas de esos pobres. El sanguinario dictador chileno pisoteó las libertades, torturó, asesinó, se burló de la justicia internacional y, además, se lucró. Sí, eso último también es indignante. Lo que hizo, y fue muy grave, no obedecía a unos ideales determinados. Pinochet robó a manos llenas de las arcas de un país que se desangraba por su represión. ¡Que arda en el Infierno! ¡O que sufra a más no poder! No creo en Dios, ni en el Cielo, ni en el Infierno. Que sufra. Porque ni con todo el dolor que le pudiera quedar podría pagar el daño que causó. La lástima es que Pinochet morirá sin haber pagado por sus crímenes. Nunca será juzgado. Y además contará con los gritos de apoyo de aquellos que, si existiera un mínimo de justicia, habrían de pagar por unos crímenes de los que también son resonsables.

