El inusitado auge que los partidos de extrema derecha han experimentado a lo largo de toda Europa han hecho saltar ciertas luces de alarma. En las elecciones generales recién celebradas en Holanda vuelven a tener una representación significativa (9 escaños para el PVV, un partido antimusulmán que ha recogido los votos del LFP de Fortuyn, sin representación). Sin embargo, los grandes vencedores de estas elecciones han resultado ser los socialistas, que no equivalen a nuestros socialistas españoles, sino que forman un partido mucho más a la izquierda, gestado a partir de antiguos maoístas.
En realidad, este tipo de formaciones no sólo tienen fuerza en Holanda. También en Francia hay distintos grupos de corte troskista que tienen una fuerza considerable, si bien sufren una desunión crónica. En Portugal, el Bloque do Esquerdas, de tradición troskista también, es una alternativa a los partidos tradicionales.
En España, sólo una debacle de Izquierda Unida y una posterior refundación podría gestar el nacimiento de una nueva organización capaz de presentar nuevas alternativas desde la izquierda. La triste realidad es que a día de hoy en nuestro país Izquierda Unida se ha visto superada por el mismo PSOE.


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