"La justicia es un cachondelo". No lo digo yo. Lo dijo en su día Pedro Pacheco, entonces alcalde de Jerez por el PA, y hoy líder del PSA a día de hoy. Sus formas políticas también resultaron ser de cachondeo, por no decir algo peor, pero acertó con aquella frasecita. En unos momentos tan delicados para el proceso de paz como son estos, los jueces han decidido imponer a Iñaki de Juana Chaos la sanción más dura de la democracia por un delito de amenazas terroristas. Y todo por dos artículos publicados en Gara en los que no existe el menor atisbo de amenaza. Un cachondeo.

Y es que cuando se habla de ETA, de Euskadi o de los deseos de independencia de algunos territorios del estado español, la justicia parece ponerse dura. Pero no es el único ejemplo. ¿Alguien recuerda el caso de Rocío Wanninkhof? ¿Nos seguimos acordando de Dolores Vázquez, la inocente que fue condenada? Toda la sociedad, y en especial los medios de comunicación, se cebaron con una persona contra la que no existía ninguna prueba. Se juzgaron sus tendencias sexuales, se exploró en su intimidad, se explotó el drama humano que suponer la pérdida violenta de un ser querido, y finalmente los huesos de una inocente dieron a parar a la cárcel. Y todo porque hicimos causa común con una historia sórdida inventada de cabo a rabo. Hoy se juzga al que parece ser el autor material de esos hechos, Tony King.

Y es que las injusticias judiciales (valga la paradoja) no ocurren exclusivamente en Estados Unidos ni son siempre llevadas a las pantallas de nuestros televisores. ¿Para cuando un sistema judicial propio de una sociedad democrática?