Teodoro Obiang, Presidente de Guinea Ecuatorial, aunque bien valdría llamarle Dictador, es uno de esos casos curiosos a nivel internacional. Se tiene plena constancia de los salvajes atentados contra los derechos humanos de los que es responsable, pero son pocos los que le recriminan ese hecho. Y ello se debe a los valiosos yacimientos petrolíferos del país africano, que ,a pesar de recibir por sus exportaciones de crudo ingentes beneficios, mantiene a la mayor parte de la población en la pobreza. En España la polémica ha saltado por la visita oficial que Obiang tiene plenada en nuestro país. A pesar de que el Gobierno minimice la importancia de ese acto, lo cierto es que es evidente que Obiang es "nuestro hombre" en Guinea. Es decir, se trata de un gobernante avalado por Occidente, que simplemente quiere estabilidad en un país con esos importantes recursos.

Pero Obiang no es el único caso. En Túnez o Argelia, por ejemplo, existen gobiernos escasamente democráticos que se mantienen en el poder principalmente por el apoyo occidental. Argelia es, por ejemplo, un pais de enormes recursos naturales, que podría tener un altísimo nivel de vida para sus ciudadanos y que, sin embargo, vive sumido en la violencia y la pobreza. Cuando el FIS (Frente Islámico de Salvación) ganó unas elecciones, éstas se invalidaron, y surgió un extraño grupo: el GIA (Grupo Islámico Armado), cuya actuación violenta justificó que se mantuviera en el poder el ejército. Los sucesivos comicios realizados en este país del Magreb carecen de las menores garantías y, sin embargo, ahí está el Presidente (o Dictador) Bouteflika, apoyado por los líderes occidentales.

En Túnez, por contra, se vive una situación de relativa calma y ausencia de violencia. No es un país de enormes recursos económicos, pero no vive mal gracias a una calma política que justifica los apoyos occidentales a un gobierno que apenas tiene legitimidad democrática.

Y como éstos, hay más países en la misma situación. Mientras en Occidente predicamos que la democracia es el mejor sistema de gobierno, en el exterior fomentamos regímenes manifiestamente antidemocráticos con tal de que sigamos obteniendo pingües beneficios. Es la lógica capitalista, la lógica del dinero la que se impone. Por encima de los Gobiernos, por encima del pueblo, sigue estando aún el interés de los poderosos por aumentar sus beneficios. Aquí, en la democrática Europa, sigue pasando lo mismo...