La noticia fue toda una bomba el pasado sábado: un policía municipal había sido rociado con gasolina por dos jóvenes abertzales que pretendían prenderle fuego. Cualquiera que viva por aquellos lares, por Euskal Herria, tuvo que darse cuenta de que algo no cuadraba, porque me di cuenta hasta yo, que vivo a unos cuantos de cientos de kilómetros. Hoy parece haberse demostrado definitivamente que los que ese día afirmábamos que los hechos no eran así, teníamos razón.
¿Por qué se le dio tanta trascendencia en aquel momento? A la derecha le interesaba, porque en su estrategia de a cuanto peor mejor, encajaba vender ese hecho como ejemplo claro de que ETA no quiere la paz. A PSOE y PNV, que también participaron de la estretegia de criminalización, les interesaba llamar la atención sobre el recrudecimiento de la "kale borroka", y conseguir quizás de esta forma algún tipo de concesión o gesto por parte de Otegi. Pero, ¿qué pasó en realidad? ¿Hubo realmente un intento de quemar a un policía? ¿O ni siquiera ocurrió eso?
Los dos jóvenes detenidos, que serían a priori simpatizantes de la izquierda abertzale, tienen cargos en su contra por desórdenes públicos. Así lo ha dictaminado definitivamente un juez. Si realmente hubieran intentado quemar a una persona, estos jóvenes seguirían en prisión incondicional y con cargos más que serios. Están en libertad tras pagar uan fianza, y en su contra pesan cargos de reducida importancia. Este hecho, por supuesto, no será contado en los grandes periódicos nacionales. Así como en su día magnificaron un hecho que, por lo que sabemos, podría no haber tenido lugar siquiera, hoy minimizaran este hecho, absolutamente real y contrastado, silenciándolo o dedicándole un espacio mínimo. Así funciona la prensa en este país. Y si no hay un grupo periodístico que te respalde, poco tienes que hacer en política...

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