Le hicieron la campaña imposible. Para el resto del mundo Evo Morales era un cocalero que aspiraba a la presidencia de Bolivia. Era poco menos que decir que venía el demonio y el fin de los tiempos. Pero el Movimiento al Socialismo, coalición que lidera Evo Morales, ganó las elecciones. Y Evo fue elegido presidente.
En su programa electoral estaba contemplada la nacionalización de los recursos energéticos del país. Y claro, las compañías extranjeras que los explotaban se asustaron, y los medios occidentales, que les prestan servicio, salieron en su defensa. La amenaza, más o menos velada, era que estas compañías se retirarían de Bolivia caso de que los impuestos que pagaban (ridículos comparados con los enormes beneficios que obtenían) eran aumentados.
Pero finalmente cedieron. Y Evo se salió con la suya. Ayer firmaron los nuevos acuerdos dos compañías, una estadounidense y otra franco-belga. Se espera que Repsol, junto a otras dos multinacionales, firmen acuerdos en el día de hoy. No se acabó el mundo cuando Evo Morales ganó las elecciones. Tampoco se han marchado las compañías extranjeras. Ahora simplemente tendrán que pagar más impuestos y reducir un poco su inmenso margen de beneficios. Que el dinero que ha ganado Bolivia con este nuevo acuerdo se reparta justamente.

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