Hace ya bastante tiempo que se que en un país quien efectivamente "manda" no es el Gobierno, que en teoría debe surgir de los deseos de la población (al menos formalmente ese es el esquema en una democracia parlamentaria). Quien realmente está al mando de la situación son los distintos sectores financieros que, en una economía de mercado, deciden con su proceder cómo viviremos los ciudadanos. Por ejemplo, ven posibilidades de negocio en la construcción de viviendas, que sin duda es un bien más que necesario para la población, pues inmediatamente se lanzarán a ese negocio. El precio del suelo aumentará, los que lo poseen se enriquecerán, y las constructoras elevarán el precio de las casas para sacar una tajada mayor. ¿Cuáles son las consecuencias? Pues que aquellos que no poseemos tierras ni millonadas quedamos expuestos a las decisiones de los que sí cuentan con estos bienes. Eso es lo que se llama capitalismo, y genera, evidentemente, clases sociales. Los que poseen medios de producción y los que no.
En este contexto se puede enmarcar la noticia aparecida en elpais.es sobre el aumento de la participación de Sacyr Vallehermoso en Repsol YPF. El negocio que ahora "manda" es el inmobiliario. Y tan pujante es, que las compañías que se dedican a él se han enriquecido tanto que pueden permitirse el lujo de participar en compañías energéticas. Ese es parte del análisis. Pero se puede ir más allá.
El negocio inmobiliario ha experimentado un boom indiscutible en los últimos años. El precio de la vivienda ha crecido desorbitadamente, y lo seguirá haciendo, pero menos. Algunos informes recientes así lo indican. Todos los que se han llevado nuestros dineros con en esos pelotazos se dan cuenta rápidamente de que deben invertir el dinero en un nuevo negocio aún más lucrático. Es la lógica del capitalismo. ¿Y dónde mejor que en el negocio energético? Ahora que se han devastado las zonas verdes y que hay casas por doquier, ¿qué mejor que dedicarse al negocio de proporcionar energía? Y todo ello a pesar de algunas incertidumbres al respecto. La situación en Oriente Medio así como el posible agotamiento a medio plazo de algunos yacimientos de combustibles fósiles indican que el negocio no es del todo halagüeño. Nada más lejos de la realidad. ¡Cuánta más incertidumbre haya en el mercado más podrán aumentar los precios! Así de simple. En esta economía de mercado siempre pagamos el pato los mismos.
Como diría un liberal, ¡Viva la Libertad! La libertad de mercado, naturalmente.

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