La construcción es un ámbito laboral que genera muchos puestos de trabajo en nuestro país. Sería por tanto fácil pensar que algunos familiares de políticos importantes trabajaran en ese sector. Pero, ¿por qué ninguno es albañil? ¿Por qué todos se convierten en constructores? Esa es la cuestión. Es un negocio que mueve muchísimo dinero y que, además, depende siempre de decisiones que se toman en el ámbito político. Es decir, cuando una zona se declara urbanizable, por ejemplo, de una forma u otra se están beneficiando los intereses de propietarios y constructores. Esto es legítimo, siempre y cuando se haga de forma correcta. El problema es que en este tipo de decisiones a veces es difícil discernir lo correcto de lo incorrecto. Y más en momentos como éstos, en los que en España se vive un auténtico boom de la construcción.

Mucho se podría decir del gran negocio que se han montado unos familiares de Esperanza Aguirre. Si uno lee atentamente el artículo se da cuenta de lo podrido que puede llegar a estar este mundo de las constructoras. Resulta que es la gestión de la Comunidad de Madrid la que convierte una zona en una perita en dulce para los constructores. Es entonces cuando los familiares de Esperanza Aguirre intervienen en la compraventa de terrenos. Si hacemos las cuentas salen 2,1 millones de beneficio, sin que haya corrido mucho sudor por su frente.

El cerebro del asunto quizás sea un tal Porto, que era Consejero de Urbanismo de la Comunidad de Madrid. Este señor dimitió después de que en la misma zona se detectaran ciertas irregularidades. Él mismo y familiares directos de Esperanza Aguirre tenían intereses en el lugar. El asunto quedó bloqueado después de aquel primer escándalo. Después se encargaron de desbloquearlo. Todo fue entonces coser y cantar. Unos hicieron unos cuantos millones, y otros, por contra, observamos como sigue subiendo el precio de la vivienda.

No me entra en la cabeza cómo nadie se lanza a elaborar algún tipo de ley que no se pueda burlar fácilmente y que impida este tipo de maniobras. No es moral ni éticamente correcto que los familiares de una Presidenta Autonómica se lucren a partir de las actuaciones de ella. Tampoco debería ser lega.