Estamos acostumbrados a una determinada imagen del traficante de armas, imagen proporcionada sin duda por el cine de Hollywood. Sin embargo, la realidad es otra. Quien realmente está detrás de este tráfico son determinados países, entre ellos el nuestro. La noticia la publica Gara, "el único periódico de izquierdas del Estado Español", como dijo en su día Saramago.

La cuestión es la siguiente: Canadá, Estados Unidos y los países de la UE se muestran a escala internacional como garantes de la paz. Denuncian, cuando lo consideran oportuno, las veleidades bélicas de otros países que, además, según su punto de vista, carecen de sistema democrático. Por ejemplo, Irán es uno de estos regímenes que está ahora en el punto de mira estadounidense. Y el motivo no es otro que la no cooperación con los intereses norteamericanos. Sin embargo, Irán jamás ha atacado a ningún país vecino. Pakistán, por contra, que vive un intenso conflicto de fronteras con la India, posee la bomba nuclear. No pasa nada. Una vez que Bush inició su cruzada contra el terrorismo Musharraf, el líder pakistaní, se puso del bando norteamericano. El gran enemigo de Pakistán es India, que curiosamente también es un fiel aliado de Estados Unidos.

¡Qué incomprensible a priori! ¿No? Bueno, quizás lo que suceda es que Estados Unidos se lleva bien con ambos países porque así puede venderles sus armas. Por eso tampoco intenta solucionar el conflicto que mantienen entre ellos. Nunca tendremos cifras oficiales de la venta de armas de los países ricos a los pobres. Desde los gobiernos se ha creado toda una trama de empresas que bajo cuerda venden al extranjero la producción armamentística. Sólo salen a la luz determinados casos cuando interesa. Como, por ejemplo, cuando se denunció que España había vendido material a la Venezuela de Hugo Chávez. Lo que está prohibido es, por supuesto, hablar de las armas a precio reducidísimo que se hacen llegar a Israel.

La política globan es un complicado juego de estrategia al que juegan unos mandamases con un ego ilimitado. Ahora eres mi aliado, te vendo armas. Mañana serás mi enemigo, y te tocará ser bombardeado. Eso sucedió con Sadam Hussein, cuyas peores y más mortíferas armas fueron fabricadas y vendidas por los estadounidenses. Pero fue necesario un cambio de estrategia porque aquel peón salió díscolo. Es a lo que juegan con nuestros impuestos.