Se llamaba Terry Lloyd, y cubrió la guerra de Irak para una televisión británica. Un juez de esa nacionalidad ha concluido que el periodista inglés murió ejecutado extrajudicialmente por fuerzas norteamericanas. El caso de José Couso, que murió víctima del disparo que un carro de combate norteamericano realizó contra el Hotel Palestina, lugar dónde se alojaban los periodistas, es otro ejemplo del escaso respeto que la gran superpotencia tiene hacia el trabajo independiente de los periodistas.

Me interesa este tema porque últimamente he estado debatiendo con José Luis a raiz de un artículo pubicado en este blog. Él sostiene que en Estados Unidos existe, contrariamente a lo que puede suceder en Irán, una libertad de prensa. Lo cierto es que Estados Unidos ha querido, y normalmente ha sabido, utilizar a la clase periodística en beneficio de sus intereses. Todavía podemos recordar aquellas "retransmisiones" de la Primera Guerra del Golfo que pudimos observar a través de la televisión. No veíamos más que lucecitas mientras escuchábamos hablar de bombas inteligentes, ejércitos del futuro, respeto a la población civil y pollas en vinagre. Es decir, nos dejamos engañar vilmente. Sin embargo, con posterioridad a aquel conflicto surgieron voces que denunciaron con pruebas significativas las atrocidades que Estados Unidos con su armamento de última generación cometió en aquel país árabe. Por eso quizás durante la invasión de Irak pudimos ver a una nueva generación de periodistas que luchaban contra las prácticas anteriores y reverdeciendo en algunos casos viejos laureles para la profesión.

Era significativo, por ejemplo, como el corresponsal de Antena 3, cadena fiel al Gobierno del PP que respaldó la invasión, se esforzaba por mostrar la realidad del conflicto. Ante esa situación, los jerifaltes norteamericanos, que nunca han sido demasiado originales en situaciones de tensión, optaron por la opción más simple. Eliminar a los que se esforzaban por dar una información veraz. Los llegaron a considerar enemigos. Murió Couso, murió Terry Lloyd, y murieron bastantes más periodistas, como los caídos en el bombardeo a la emisora de Al-Jazeera, todo un símbolo del conflicto, que logró sustituir a la CNN o a la FOX como fuente más creíble del conflicto.

Estos ataques contra los periodistas no sólo se han dado en el conflicto iraquí. Durante los bombardeos de la OTAN a Yugoslavia descubrimos como las guerras cada día más se libran en los medios de comunicación. Las cadenas yugoslavas presentaron en este ámbito una dura batalla a otros medios occidentales. También se bombardearon sus sedes, causando víctmas. Víctimas civiles, porque, recordemos, los periodistas no son fuerzas militares. ¿O quizás Washington los considera así?