Algunos no parecen haberse enterado de que el pasado 14 de Marzo de 2003 fueron botados, y no votados, mayoritariamente por el pueblo. Es el caso de Eduardo Zaplana, Ángel Acebes, el mismo Rajoy y hasta José María Aznar que, desde el asiento de la FAES, pretende seguir dirigiendo los asuntos del país. La derecha española se ha definido históricamente por su permanente intención de mantenerse en el poder a toda costa. Por eso, cuando estallaron las brutales bombas del 11-M negaron la evidencia, acusaron a ETA y obviaron la amenaza integrista para así no tener que pagar sus errores por la Guerra de Irak. La gente se dio cuenta de la estratagema y tuvieron que rectificar a destiempo. Perdieron las elecciones. Sin duda lo merecían.

Sin embargo, no aceptaron en ningún momento el resultado. Y en esas nos encontramos. Siguen manipulando, siguen mintiendo, siguen acusando sin el menor fundamento. Un ejemplo de la manipulación realizada desde los medios afines a la derecha la tenemos en una información que publica hoy elpais.es. Además de Acebes, Rajoy y Zaplana, que sostienen este tipo de teorías rocambolescas, la auténtica conspiración se sostiene en otras personas cuyos nombres deben ser al menos apuntados. Pedro J. Ramírez, insipido periodista jamás movido por la verdad, sino por sus intereses personales, ha elucubrado, ha insultado, ha amenazado incluso, y parece ser que hasta ha sobornado. Sin embargo, no da con sus huesos en la cárcel. ¿Tal es el poder de este individuo? Con menos poder, pero con la lengua más afilada y en perfecta armonía con Pedro J. destaca Jiménez Losantos. Es el mejor ejemplo de la nueva tendencia de la derecha española dispuesta a unir el neoliberalismo más salvaje con los elementos franquistas más recalcitrantes. De esa absurda unión surge todo un ideario político que por suerte creo se pegará un gran batacazo electoral en las próximas elecciones.

Y es que eso empieza a estar cada vez más claro. Sobre todo cuando últimamente se están desmontando las acusaciones insidiosas realizadas por la derecha. Zaplana, por ejemplo, ese vulgar personajillo que sobrevive a todos los desastres, y a este lo hará también, ya ha viado el rumbo. Ahora dice Zaplana que no hay que hacer elucubraciones hasta que no acabe el juicio. Ja, ja, ja. Es un ejemplo de cara dura y desfachatez. Pero bueno, el pueblo quizás no sea siempre sabio. Pero tonto tampoco lo es. Y realmente habría que ser muy tonto, o muy sinverguenza, para volver a votar a esta chusma.