Lo de Tailandia es un golpe de estado en toda regla, con los militares tomando las dependencias gubernamentales e imponiendo su ley a partir de las armas. A lo de Hungría lo llaman revuelta, quizás por el hecho de que en la civilizada Europa no hay golpes de estado. En cualquier caso, resulta imposible, ante la falta de más información que contextualice los hechos, posicionarse ante lo que ocurre. Los húngaros, o una parte de los mismos, se han sublevado contra su gobierno cuando se han enterado que estos mintieron a posta para ganar las elecciones. Incautos estos húngaros: ese es el pan de cada día en las democracias occidentales. Como vivieron el sistema soviético, en el que también mentían, a lo mejor pensaron que lo que llaman democracia sería distinto. Un error del que aprenderán.
Otro golpe de estado, del que cada día supuestamente tomamos conciencia que ocurrió, es el del 11-M. Bueno, esa es al menos la teoría del PP y de medios afines al susodicho partido, como El Mundo, COPE, etc... Como muestra, esta página de Libertad Digital, el engendro on line de Jiménez Losantos. La pregunta que muchos nos hacemos después de leer tantas insensateces con tan mala intención, es si la libertad de expresión puede amparar este suerte de manifestaciones. ¿Puede uno decir este tipo de barbaridades y quedarse tan tranquilo?


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