A veces uno descubre extraños amigos en el viaje. Quizás ese sea el caso de Chávez, presidente de la bolivariana república de Venezuela, y Ahmadineyad, líder del Irán de los ayatollahs. Uno, el venezolano, entronca con la tradición del socialismo desde la óptica latinoamericana. Llegó al poder a través de las urnas, y una y otra vez ha vuelto a validar su mandato en comicios que ha ganado sucesivamente. Ahmadineyad viene de un país algo distinto: Irán, la tierra que derrocó al Shah de Persia, dictador amparado por los Estados Unidos, y creó un régimen revolucionario islámico sin precedentes. ¿Son tan distintos? Dos cosas los unen, la persecución a que les ha sometido Estados Unidos, y las buenas reservas de petróleo que atesoran.
El mundo islámico se ha convertido en uno de los focos de atención mundial. Se trata de un abanico de países que si bien mantienen características comunes, también presentan significativas diferencias. Hay dos bloques, por así decirlo, que han cobrado especial protagonismo en los últimos años. De una parte habría que hablar de un islam sunní, aunque derivante del wahabbismo (una suerte de herejía con siglos de antiguedad) que ha expandido su influencia desde Arabia Saudí, gracias al podería que supone el petróleo. Este wahabbismo financió madrasas (escuelas coránicas) en Pakistán, apoyó el régimen de los talibanes en Afganistán y se cree que sirvió y sirve aún de punto de unión para los distintos grupos que actúan bajo el paraguas de Al-Qaeda. Es un bloque que nació con el apoyo de Estados Unidos, que apoyó decidademente al gobierno de Arabia Saudí a la par que a los muyahidin que luchaban contra la Unión Soviética en Afganistán.
Otro bloque significativo es el que lidera el fundamentalismo islámico chii, y que tiene como referente máximo a Irán. En aquel país existía una de las peores dictaduras, amparada por Estados Unidos. El Shah de Persia hacía y deshacía a su antojo, se corría las mejores fiestas e imponía su gobierno con la mano más dura. Sin embargo, el mundo se conmocionó con la revolución de los ayatollahs. Fue una revolución popular e islámica al mismo tiempo. Las autoridades religiosas estuvieron a la cabeza de la misma, pero también los partidos de izquierdas existentes en aquel lugar, aunque posteriormente sufrirían también las purgas del régimen fundamentalista. Este fundamentalismo chii ha alimentado, principalmente, a un grupo como Hezbolá, que si bien no parte de las mismas tesis que los ayatollahs iranís, sí han adoptado parte de su discurso e intereses.
Como resulta evidente, el wahabbismo militante de Al-Qaeda y el fundamentalismo chii se enfrentan por ampliar su dominio. El caso de Irak es paradigmático en esta cuestión, puesto que hablamos del lugar dónde se solapan más claramente estas corrientes. Allí es dónde el terrorismo de Al-Qaeda (o grupos adyacentes) ha encontrado un caldo de cultivo terrible.
Estados Unidos apoyó siempre cierto pensamiento proveniente del mundo sunní, como queda claro si uno analiza el apoyo que en su día dio a Sadam Hussein, el que todavía presta a Arabia Saudí y al resto de dictadorzuelos de esa parte del mundo. Sin embargo, eligió como enemigo, por contra al chiismo. Se trataba de una actitud útil pues servía a su propósito de dividir al mundo musulmán en beneficio, por ejemplo, de Israel. Hoy día los papeles están más confusos. En Irak, por ejemplo, se han visto obligados a apoyarse en los sectores chiís, que son mayoritarios, y cuyos líderes tienen más lazos de los visibles con Irán. Por contra, también se han visto obligados a enfrentarse a grupos del sunnismo, como Al-Qaeda. Es una estrategia que en el futuro quizás le plantee más problemas que los que hoy ya existen.
Mi pregunta es la siguiente: si Estados Unidos ha ido haciendo amigos tan extraños a lo largo de los años, ¿puede sorprendernos ahora la recién descubierta amistad entre Chávez y Ahmadineyad? Yo diría que no. Y tienen motivos de preocupación los yankis, a mi entender. Cada día queda más claro que los distintos pueblos de la tierra no están dispuestos a someterse tan fácilmente a su dominio arbitrario. Y si dos países como Venezuela e Irán se unen, tan ricos en recursos y en zonas tan claves, los States deberían preocuparse.

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